Verdadero banquete de energía musical
- Filed under: Reseñas
- Date: Apr 16,2008

lunes, 14 de abril de 2008
ALEXIS SEBASTIÁN MÉNDEZ / Para Primera Hora
Tras casi 30 años de espera, los fanáticos puertorriqueños del grupo de rock progresivo pesado de Canadá, Rush, pudieron finalmente disfrutar en vivo de lo que es considerado como una de las bandas más importantes en la historia del rock.
Y tenían motivos de sobra para estar satisfechos. El cantante Geddy Lee, el guitarrista Alex Lifeson y el baterista Neil Peart ofrecieron una velada de energía y música combinada con animaciones en pantalla, elementos excéntricos (el escenario estaba decorado con hornos para asar pollos) y un impresionante espectáculo de luces. Más aún, la banda no vino con un ofrecimiento de vagos, sino un verdadero banquete para sus fanáticos: en lugar del “come y vete” de otros artistas que interpretan 90 minutos de música y desaparecen, Rush estuvo dos horas y media en escenario. Creo que es la primera vez que debo decir que los boletos de $125 muy bien valían su precio.
Quizás el único desacierto fue la inclusión de tantos números de su reciente disco “Snakes and Arrows”. No es un problema de calidad musical, pues el disco está por encima de otros esfuerzos previos de la banda, pero era obvio que el público perdía su energía al no identificar las melodías. Por la edad aparente de los presentes, allí estaban los adolescentes crecidos que se encerraban en su cuarto a final de los 70 y comienzo de los 80 a escuchar los discos “Permanent Waves” y “Moving Pictures”, y estaban allí deseosos de revivir ese tiempo en que sus padres les decían que escuchando esa música no llegarían a ningún lado, pero que ahora ganan suficiente dinero para darse el gusto de arena en el concierto.
Así que cuando Rush interpretaba alguno de sus números más reconocidos, la euforia parecía que derribaría el estadio. Números como “Limelight” (que sirvió de apertura), “Freewill”, “Natural Science”, “2112/ The Temples of Syrinx”, “Red Barchetta”, y “Circumstances” fueron un deleite para los rockeros presentes pero, como era de esperarse, “The Spirit of Radio” y “Tom Sawyer” (introducida por un vídeo de “South Park”) fueron los puntos de ebullición del público.
En cambio, el verdadero punto climático de la noche no ocurrió con ninguno de los números musicales de los discos, sino con la descarga del baterista Neil Peart. Considerado por muchos como el mejor baterista dentro del rock, Peart demostró por qué se merece esa mención. Su extensa ejecución en percusión –sobre una plataforma que rodaba ofreciéndole nuevos elementos sonoros– fue sin duda un instante inolvidable para los fanáticos del rock. Presenciar semejante demostración de talento era suficiente para justificar la entrada.
La buena organización, la ejecución de la banda y el acompañamiento de elementos visuales convierten el concierto de Rush en una de las mejores experiencias rockeras jamás presentadas en nuestra isla.





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